Melodías que temo olvidar

Temo el día en que mis pasos ya no corran presurosos para hacer el bien ni mis manos conozcan el gozo de su propio oficio.

Temo el día en que mis bailes sean memoria,
y el sazón de esta alma introvertida
solo aparezca en deshoras, sin locura ni chispa.

Temo el día en que mis gestos y mis notas
se vuelvan insípidos: sin tono, sin fuego, sin armonía.

Temo el día en que mi mente no cante nuevos soles y, en su angustia, oculte todas las melodías que hoy le brotan con libertad.

Temo el día en que mi corazón deje de ver hermosura en la lluvia y en los cielos despejados; el día en que ya no proclame gratitud y amor al Dios del universo.

Temo el día—si llega—en que, aun sobre mi lecho, no pueda expresar con gozo que espero la ciudadanía que me aguarda en el cielo,
con legado construido y fe consumada.

Temo el día en que la palabra se me escape,
y olvide que mis triunfos y pérdidas
fueron siempre medios de gracia
para entregarlo todo por Su causa.

Temo el día en que ella, mi compañera de vida, no pueda tomar mis manos con fuerza,
y que el mar de sus ojos contemple
nuestros barcos naufragar
sin poder alzar los brazos en medio de la tormenta.

Temo, finalmente, el día en que mi corazón no pueda latir rindiéndose cada mañana
al aire nuevo y a las promesas de un cielo venidero, donde mesas y galardones esperan a los valientes que dieron todo por Su causa.

“Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador.” — Filipenses 3:20

Destellos de Él

Al Cristo Resucitado, Milagros Visibles. Los bucles que llaman en aguas profundas, los ojos cerrados, el cielo expirando en la eternidad.
Cautivos de anchos caminos, la soledad estrecha, y en suspiros, la meta de muchos, pero que pocos se atreven a recorrer.

Galardones del alma, pero si en el alba no viste mi rostro, recuérdame que extrañas mi esencia, fiel Creador. Tus palabras me transforman, vida dame cada día. Hazme testigo de tu poder, y aunque sean estrechos mis pasos, que mi pasaporte y mi ciudadanía sean siempre sellados por tu reino.

En honor a ti, mis coronas, los reinos y el cielo, y Tú, el gozo supremo. La vida como sombras, el reflejo de nuestro afán, la imagen en réplicas, imitamos y anclamos en nuestro ser la creación del Creador.

Antítesis del corazón

Los dobleces en multitonos, de lo creado en vida, son vendidos por universos, postores irreverentes, cálidos y extravagantes, mágicos y perfectos.

Las bocas sin lenguas y los ojos sin visión, la muerte y los basureros presumen de su pasión. En lo simple y en la dicha del hombre bueno, está la ley de su rey.

Los eruditos sobre los pensantes, las ideas sobre la razón y el corazón, de mansos y turbios placeres, derrochando cada gota de vida y energía.

En los sabores del cielo, la sabiduría afirma y crea mundos que cantan y definen al más sabio e inconmensurable Dios. ¡Viva por siempre!

El justo y su firmeza, sus pasos son llenos de paz y alegría; por otro lado, el insensato y el temor en formas de muerte. Su tristeza es profunda y en su todo nunca habrá esperanza.

En la antítesis del corazón, solo hay una roca que no falla. Sus palabras son fieles y viven para siempre.

“Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano.”
‭‭Salmo‬ ‭139‬:‭5‬ ‭NVI‬‬