
Los justos, sobre los cielos, elevan sus manos. Lo limpio se conserva limpio, y lo sucio para los cerdos es un festín que pudre el corazón. La vista es oscura y los placeres altos, llenos de luces con festines, ideas y osadías.
Quizás los basureros tiñen el alma, a cuyos espíritus se desbordan hacia un abismo sin fin, del príncipe y su mundo, del marketing y sus campañas, la ceguera y sus ciegos, de eso tan aclamado nunca se dará tanto.
El corazón desvirtuado y la sed que consume lo poco y lo mucho de un globo en extinción, en angustias el pan y en migajas la porción de un día que en afanes cierra sus puertas sin esperanza.
Los tiempos de mesa, el sol de un nuevo amanecer, es él, nuestra esperanza de gloria. Los que miraron su rostro fueron alumbrados y luz brilló para sus casas. Lo eterno y un hogar que espera, lámparas que no se apagan aún en tempestades, del cielo oleo de gozo y corazones que arden por su regreso. Maranatha cristo ven.




